¡Vuelta al horario de invierno, nuestros días empiezan antes y acaban más pronto! No necesitamos más señales para sentir que el frío viene ahí. Año tras año seguimos viviendo este cambio vigente desde la época de los 70, una modificación que no solo afecta a nuestro horario y rutina sino también a nuestra propia salud. En el post de hoy te explicaremos en qué y cómo evitar los efectos negativos de este cambio.

Alteración ciclo circadiano

El efecto más notable de este cambio es sin duda la alteración de la cantidad de luz y oscuridad a la que nos vemos expuestos a lo largo del día. Nuestro cuerpo tarda en adaptarse a este proceso y por eso los primeros días se pueden sufrir síntomas como la falta de lívido, cansancio o somnolencia, falta de concentración, irascibilidad y tristeza, entre otros.

Estamos más cansados

Somos animales de costumbre y … ¡Este cambio es bastante brusco!  Además, el hecho de levantarse cuando aún es de noche y acostarse antes produce una mayor sensación de pesadez y cansancio. ¡Los días nos parecen cortísimos!

Para evitar vernos muy afectados en este proceso de adaptación te recomendamos que retrases 15 mins cada día la hora de acostarte, así el cambio no te parecerá tan brusco y acostumbrarás a tu cuerpo a la nueva rutina. Y para compensar la falta de luz te animamos a que des un paseo al mediodía o en las horas de más exposición solar ¡Te llenarás de energía!